Los océanos

¿Alguna vez te has parado a observar detenidamente un mapamundi? Si la respuesta es que no, deberías hacerlo porque es una actividad muy interesante.

Descubrirías muchas cosas, como por ejemplo, que una gran parte de nuestro planeta está cubierta de agua, concretamente el 71% de su superficie. También te darías cuenta de que los continentes están separados por enormes extensiones de esta sustancia líquida imprescindible para los seres vivos. Bien, pues a cada una de estas inmensas masas de agua se le llama océano.

En la Tierra existen cinco océanos: Atlántico, Pacífico, Índico, Ártico y Antártico. Los tres primeros son, con diferencia, los más grandes.

Resulta emocionante pensar que la vida en nuestro planeta se originó en el fondo de los océanos hace 3600 millones de años y que a partir de ese momento fueron surgiendo cientos de miles de especies vegetales y animales ¿Verdad?

Los cinco océanos tienen muchas cosas en común, pero también características que los diferencian: distintos niveles de sal, distintas temperaturas, animales y vegetales únicos… En sus aguas, organismos microscópicos como el plancton conviven con el animal más grande del mundo: ¡la espectacular ballena azul!

El sol calienta la capa superficial de los océanos; por esta razón, el agua en esta zona es templada y sirve de hogar a multitud de especies marinas. A medida que la profundidad aumenta penetran menos rayos de sol, la temperatura disminuye y la vida animal se vuelve más escasa.

La parte más profunda de los océanos suele estar a unos ocho mil metros. Es tanta la distancia que ninguna persona ha conseguido llegar hasta esos lugares recónditos y misteriosos. Eso sí, gracias a la avanzada tecnología actual, se envían robots exploradores a recoger información. Gracias a ellos sabemos que los oscurísimos fondos oceánicos están habitados por extrañas y fascinantes criaturas marinas.

El lugar más profundo del planeta Tierra está a once mil metros bajo el nivel del mar, al fondo del Océano Pacífico, y se conoce como La Fosa de las Marianas.

Uno de los grandes retos que tenemos los humanos en el siglo XXI es reducir la contaminación de los océanos. Durante siglos, pero sobre todo en las últimas décadas, hemos vertido en sus aguas todo tipo de elementos nocivos (fertilizantes, plásticos, detergentes…) que se han ido acumulando en las profundidades y pasando a la cadena alimentaria. Eso significa que nosotros, que estamos al final de esa cadena, los ingerimos al comer productos del mar como pescados o mariscos.

Como seres inteligentes que se supone que somos, tenemos el deber de cuidar y respetar al máximo el medio ambiente, procurando que el impacto que ejerzamos sobre la naturaleza sea lo menos agresivo posible.

Recuerda siempre que cuidando el planeta nos estamos cuidando a nosotros mismos.

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