Las cobras

Las cobras son un grupo de serpientes venenosas que viven en África y el sur de Asia.

Estos temibles reptiles son animales ovíparos, es decir, se reproducen por huevos. Para sobrevivir se alimentan de aves y pequeños mamíferos, sobre todo ratones, a los que muerden e inyectan, a través de los colmillos, un veneno mortal. Este veneno es tan potente que incluso puede acabar con la vida de un ser humano.

Algunas cobras también son escupidoras, es decir, tienen la capacidad de lanzar el veneno a los ojos de sus presas para dejarlas ciegas, y por tanto, completamente indefensas.

A pesar de su aspecto amenazante y la ventaja que les proporciona el veneno, las cobras no son intocables. Ellas también pueden ser atacadas y devoradas por otros animales, y de hecho, tienen enemigos muy peligrosos, como las aves rapaces y las mangostas. Estas últimas, a pesar de su pequeño tamaño, son auténticas expertas en cazar serpientes venenosas.

Cuando las cobras tienen ante ellas un adversario se colocan en su famosa posición de defensa. Con gran habilidad levantan el cuerpo y estiran las costillas que tienen detrás de la cabeza para desplegar un capuchón que las hace parecer más grandes y terroríficas ¡Quieren dar miedo y vaya si lo consiguen!

Existen diferentes especies de cobras, pero quizá las más conocidas son la Cobra Real y la Cobra de Anteojos.

La Cobra Real es la serpiente venenosa más larga del mundo ¡Puede medir más de cinco metros! Curiosamente, es la única serpiente que fabrica un nido con hojas y ramitas para poner en él sus huevos.

La Cobra de Anteojos es mucho más pequeña y no suele medir más de dos metros. Es fácilmente reconocible porque, en la parte de atrás de la capucha, tiene un dibujo que recuerda a unas gafas sin patillas. Esta cobra es nativa de la India y allí todo el mundo la conoce debido a que es la que suelen llevar los encantadores de serpientes en sus cestos de mimbre. Como sabes, cuando estos artistas callejeros comienzan a tocar la flauta, las cobras asoman la cabeza y se ponen a bailar sinuosamente al son de la música, como si estuvieran hipnotizadas.

En realidad, estas cobras ni están encantadas, ni escuchan la música porque son sordas. Lo que sucede es que los encantadores mueven la flauta mientras tocan y las serpientes siguen el movimiento del instrumento con la cabeza, dando la sensación de que danzan al ritmo de la melodía.

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