El reloj

De aquel reloj, con forma de caseta para pájaros, cada dos por tres salía un pequeño cuco, un ruidoso animal que me recordaba a una paloma. Por supuesto, el animal era de mentira y el ruido que emitía era una grabación que se repetía cada vez que el reloj marcaba las horas en punto.

Para ser sinceros, no me gustaba. Me recordaba los usurpadores que son los cucos reales, al poner sus huevos en nidos que no son suyos. Así, otros pájaros cuidan y alimentan a su polluelo sin que ellos den un palo al agua.

Algo parecido sucedía con mi tía, que dejaba a su hijo con frecuencia en mi casa.

Cuando era pequeño me molestaba compartir mis juguetes, mi habitación e incluso la comida con mi primo; pero ahora he aprendido que, además, comparto juegos, amistad, risas y conversaciones con él. Y me encanta que venga a casa.

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