El conejo Serafín

El conejo Serafín era rosa de comer tantas sandias. Odiaba las zanahorias pero le encantaba la fruta.

Cuando comía una sandía grande enterraba las pepitas, con la intención de que con el tiempo naciera otra aún más grande.

Como las sandías tienen muchas pepitas, Serafín hacía muchos agujeros.

Un día el granjero decidió que Serafín no podía quedarse más tiempo en la granja, ya que al escarbar en el suelo estropeaba los cultivos.

Un joven mago que pasaba por la granja compró a Serafín y le dijo:

– A cambio de que salgas de mi chistera yo haré aparecer todas las sandías que quieras.

Desde ese día el granjero, el mago y Serafín fueron felices

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