Barco de vela

Una noche de enero, un barco de vela entró en el puerto de Amberes, una ciudad de Bélgica. De aquel barco desembarcó un extraño hombre que tiritaba de frío y arrastraba un gran saco.

Tras llamar a muchas puertas, sólo una anciana le dio cobijo, además de ropa, comida y cama en una habitación con una estufa. A la mañana siguiente el hombre decidió regalarle el contenido de su bolsa.

La anciana, extrañada por su contenido preguntó al hombre:

– Señor, ¿qué son estas semillas marones?

El hombre le dijo:

– Estas semillas, señora, son de cacao y con un poco de paciencia la enseñare a hacer con ellas chocolate, un dulce delicioso

Pero la anciana cansada de trabajar toda su vida, llevó al hombre a la pastelería de su hija. La joven pastelera aprendió a fabricar  bombones de chocolate y el hombre aprendió a elaborar pasteles. Con el paso del tiempo los pasteles y bombones se hicieron famosos en todo Amberes, llegando a convertirse en la mejor pastelería de Bélgica

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