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El cascabel al gato

Fabula Cascabel Gato

Cuento El cascabel al gato: adaptación de la fábula de Félix María Samaniego.

 

En una casona del centro de la ciudad, vivía una familia que tenía un gato como mascota.

El minino era querido por todos y le colmaban de atenciones. Siempre tenía comida a su disposición y dormía en un mullido cojín al calor de la gran chimenea. Era un gato afortunado al que no le faltaba de nada.

Cuando no comía o estaba echándose la siesta, merodeaba por la casa buscando ratones. Le encantaba atraparlos para jugar con ellos. El gato era tan enorme y rápido que los pobres roedores vivían angustiados, siempre sintiendo una sombra amenazante cerca de su guarida.

Tanto miedo le tenían,  que los ratoncitos  dejaron de salir a buscar comida. Antes se organizaban de dos en dos y corrían a la cocina para robar un pedazo de queso o un mendrugo de pan que había caído al suelo. Pero desde que el gato se había adueñado de la casa, nunca encontraban el momento para salir de la cueva ¡Era demasiado peligroso!

Los ratones tenían cada día más hambre y  estaban quedándose escuálidos por no comer. La situación era tan insostenible que decidieron reunirse para tomar una determinación. Una tarde se juntaron y formaron un corro. Desde los ratones ancianos a los más jóvenes, todos estaban dispuestos a solventar el problema cuanto antes.

Largo rato estuvieron debatiendo qué era lo que podían hacer, pero a ninguno se le ocurría una buena idea ¡Qué desesperación!

Cuando estaban a punto de rendirse y disolver la junta de ratones, uno de ellos se puso en pie y propuso algo muy interesante.

– ¡Ya lo tengo! – chilló con voz aguda – La única manera de poder salir de la ratonera tranquilos es tener al gato localizado. Si siempre sabemos dónde está, podemos aprovechar cuando esté lejos para movernos por la casa.