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Adivinanzas de vestidos y ropa

Las adivinanzas de ropa, vestidos, y complementos para vestir son una estupenda alternativa para que los niños pasen parte de su tiempo libre de una forma divertida.

Les ayuda a pensar y ejercitar la mente, pero de una forma divertida ya que no se le muestran al niño como un aburrido texto sino que se integran en divertidos juegos con unos gráficos estupendos.

Alrededor de tu cuello,
dos alitas bien plantadas;
no tienen plumas ni vuelan,
ni se mueven para nada.
Voy rodeando tu cintura,
en más de una ocasión
y si no es por mi ayuda,
se te cae el pantalón.
Como una culebra soy muy larga,
me enrosco en el cuello,
doy vueltas y cuelgo.
Si no me adivinas,
pasarás frío en invierno.
Mi padre al cuello la ata,
y poco a poco la aprieta,
hasta llegar a su meta.
Colgada voy por delante,
y al hombre hago elegante.
Puedes llevarlo en el pelo
y, a veces, en los zapatos,
se coloca en la cintura,
y en el rabo de los gatos.


La llevan todas las niñas
y también los escoceses,
romanos y babilonios
y hasta los mismos cretenses.
Aunque la quite del agua,
sigue en agua.
Te lo digo y no me entiendes,
no tengo boca y sí tengo dientes.
Tengo dientes y no muerdo,
desenredo con cuidado,
caminos abro en tu pelo
ya sea liso o muy rizado.
Para salir a la esquina ponte pan en el talón y camina.
Con varillas me sostengo
y con la lluvia voy y vengo.
Por la noche me lo pongo,
por el día me lo quito
y en la siesta, lo uso un poquito.
Tengo copa y no soy árbol,
tengo alas y no soy pájaro;
protejo del sol a mi amo,
en invierno y en verano.


Soy de lana calentita y si me pones del revés, todas las costuras ves.
Una piel que es otra piel,
una mano que no es mano
y el frío se aguanta bien.
Dos guaridas cálidas
con sus escondrijos,
para dos hermanas
y sus quintillizos.
Tienen justo cinco dedos
como la mano;
se rellenan en invierno,
se vacían en verano.
Resuélveme este dilema:
«soy una, pero soy media».
Me pones y me quitas,
me tomas y me dejas,
conmigo no tiritas,
y estoy hecho de madejas.
Destacan en las orejas,
creyéndose independientes,
van casi siempre en parejas.
Aunque las adornamos a ellas
cuando no tenemos carreras,
la gente tiene manía
de no llamarnos enteras.


Yo te protejo del frío
y de los rayos del sol;
no soy gorra ni sombrero,
pero te cubro mejor.
Mi ser por un punto empieza,
por un punto ha de acabar,
el que mi nombre acierte,
sólo dirá la mitad.
Una copa redonda y negra,
boca arriba está vacía,
boca abajo está llena.
Dos buenas piernas tenemos,
y no podemos andar,
pero el hombre sin nosotros,
no se puede presentar.
Se pone para dormir,
aunque no es un camisón,
puede ser de lana,
seda o algodón.
Tamaño de una cazuela,
tiene alas y no vuela.
Nuestra dueña
nos coloca uno a cada lado,
siempre pendientes,
siempre colgados.
Ahí vienen dos:
uno se moja y el otro no.


No me utilizan los patos,
más me llevan de apellido,
con «Z» empieza mi nombre,
¡y ya el resto es pan comido!
Dos hermanitos muy igualitos,
llegando a viejecitos,
abren los ojitos.
De día llenos de carne,
de noche con la boca al aire.
Dos hermanos con cordones,
que siempre están en el suelo,
y se dejan en los rincones.
En tus manos estoy limpio,
en tus ventanas me ensucio,
si sucio, me ponen limpio,
si limpio, me ponen sucio.
Santa con nombre de flor,
y, a pesar de este retrato,
me confunden con zapato.
Me pisas y no me quejo,
me cepillas si me mancho,
y con mi hermano gemelo,
bajo tu cama descanso.