La balanza de plata

Cuento clásico La balanza de plata

Adaptación del cuento popular de España

En un pueblo de España cuyo nombre nadie recuerda, un pequeño comercio de telas cerró definitivamente y quedó abandonado por sus dueños. Pasó el tiempo y nadie volvió a interesarse por ese local, por lo que poco a poco fue perdiendo el lustre de antaño. Lo que había sido una bonita tienda en sus mejores días,  se convirtió en un bajo viejo y oscuro cerrado a cal y canto.

Un día, unos chiquillos que jugaban  en la calle se dieron cuenta de que una de las ventanas situadas sobre el antiguo escaparate, estaba rota. No lo dudaron: se subieron unos encima de otros y consiguieron auparse hasta que lograron colarse por el agujero del cristal.

¡Qué decepción se llevaron!…La vieja tienda estaba sucia y cubierta de polvo. Olía a humedad, se veían telarañas por todas partes y no había más que un par de sillas carcomidas por la polilla y algunos muebles desvencijados que ya no servían para nada.

Ya se iban cuando uno de los muchachos descubrió que, tras el antiguo mostrador, había una balanza muy extraña que tenía un misterioso adorno en el centro. Un segundo después, seis caritas curiosas se arremolinaban a su alrededor para contemplarla.

¡Qué maravilla!…Era una balanza de plata, estaba totalmente nueva y resplandecía como si le hubieran sacado brillo con un trapo esa misma mañana.

Les pareció muy hermosa, pero ni de lejos se imaginaban que además, era una balanza mágica. No servía para pesar alimentos como las demás balanzas del mundo, sino las buenas y malas obras de todos aquellos que la tocaban.

Inocentemente, uno de los niños, que era un chico bueno y generoso, puso su manita sobre el  curioso adorno. El lado derecho de la balanza se inclinó y de repente, una intensa luz iluminó la habitación. De su plato, comenzaron a salir cientos de estrellitas, tantas como cosas buenas  había hecho el pequeño durante su corta vida. Después, la balanza volvió a equilibrarse y el resplandor desapareció.

Otro de los amigos que estaban allí, a quien todos consideraban un poco egoísta, envidioso y vago,  quiso intentarlo también. Tocó el adorno con su mano y la balanza se movió hacia la izquierda, iluminándose de nuevo. Los destellos eran tan fuertes que todos los niños tuvieron que mirar para otro lado cegados por la luz. Pero esta vez, del plato de la balanza, comenzaron a salir espadas, tantas como veces se había portado mal durante su vida.

Todos los muchachos de la pandilla fueron pasando en orden junto a la balanza para conocer lo que ese objeto, que parecía sacado de un cuento de hadas, tenía que decirles. Después, salieron disparados de allí para contarles a sus padres el genial descubrimiento.

Como es lógico, pronto se corrió la voz y la balanza de plata se hizo famosa en toda la comarca. Cada tarde antes de cenar, decenas de niños empezaron a acercarse a la vieja tienda para admirarla y tocarla. Si les mostraba estrellas, sabían que habían sido generosos, trabajadores y amorosos con sus padres, pero si por el contrario la balanza les enseñaba espadas, comprendían que debían mejorar y hacer un esfuerzo por portarse mejor.

Desgraciadamente, el paso del tiempo también afectó a la balanza y un día, de tanto usarla, se estropeó. Todos los niños del pueblo lloraron de pura tristeza.

¿Qué iban a hacer ahora sin su querida balanza de plata?

La balanza vio las lágrimas de los pequeños, y por primera y última vez, les habló:

– Queridos niños y niñas, escuchadme, por favor. Durante meses os he mostrado vuestros buenos y malos comportamientos. Mi única intención era haceros reflexionar.

La sabia balanza les miró fijamente  y siguió hablando con delicada voz.

– En la vida tenéis que ser conscientes de vuestros actos, y creo que ya es hora de que aprendáis a recapacitar solitos, sin mi ayuda. A partir de ahora, cuando por las noches os metáis en la camita, pensad sobre todo lo que habéis hecho durante el día. Si sentís que no os habéis portado demasiado bien, prometeos a vosotros mismos que intentaréis mejorar. Luchad siempre por ser buenas personas y por perseguir vuestros sueños ¡Hasta siempre, amigos!

En cuanto dijo estas palabras, la balanza de plata se apagó para siempre. Todos los niños se despidieron de ella con un besito y después, muy apenados, la dejaron allí, en el lugar donde la habían encontrado, como muestra de respeto.

No volvieron a verla, pero jamás olvidaron sus enseñanzas y la llevaron toda la vida en sus corazones.


 

Otras formas de disfrutar de este cuento