La evolución del cepillo de dientes

Desde hace miles de años, el ser humano ha buscado la manera de mantener limpia su boca. Antes de la aparición de los primeros cepillos de dientes, ya se utilizaban varios métodos parecidos en la Antigüedad.

Uno de ellos fue el miswaak, propio de las zonas de Asia y Oriente Medio. Consistía en un pequeño palo extraído de un árbol llamado Arak que se deshilachaba por uno de sus lados hasta conseguir una especie de cepillito. Su aspecto era como el de un pequeño pincel o brocha. En algunos países todavía hay quienes utilizan este artesanal y ecológico invento.

Los primeros cepillos de dientes de aspecto parecido al actual se crearon en China, sobre el año 1500. Curiosamente, se parecen muchísimo a los que usamos todos nosotros. Se fabricaban con pelos del cuello de los jabalíes que se cosían a un mango hecho con hueso de buey. Sólo los utilizaban familias adineradas porque eran muy costosos.

Cien años después, en torno al 1600, llegó el cepillo de dientes a Europa. Sin embargo, este invento no fue muy bien recibido, ya que era demasiado duro y producía heridas en las encías. Para que el cepillo de dientes fuera algo más suave, se sustituyeron las cerdas de jabalí por las de caballo, aunque como contrapartida se detectó que el pelo de este animal provocaba frecuentemente infecciones en la boca. Con el tiempo, se descubrió se podían esterilizar en agua hirviendo.

Por fin, en el siglo XX, se inventó un material clave en esta historia: el nylon, un producto sintético, higiénico, resistente y flexible que sustituyó definitivamente a los pelos de animal.

En las últimas décadas, los cepillos dentales se han convertido en un instrumento de uso diario y tienen un coste asequible. Existen cepillos de diferentes durezas y formas acordes a los gustos y edades de las personas, e incluso cepillos eléctricos que llevan un pequeño motor que hace girar el cabezal.